

1.0 Liderazgo en la iglesia
ESTUDIO 1
Fundamento del liderazgo
Las enseñanzas de Cristo sobre el servicio y lo que él señaló respecto a las actitudes de los servidores siempre deberían ser el inicio para aprender sobre el liderazgo. Volver a él como punto de partida nos asegura que lo que se intente en la iglesia se asemeje lo más posible al deseo que él tiene para ella.
Por principio de cuentas, debemos admitir que, en realidad, Cristo enseñó realmente poco sobre la constitución y gobierno de la iglesia; en esencia, se limitó a hablar solo de dos temas básicos respecto a ella. Lo primero que habló fue algo sobre su establecimiento, leemos en Mateo 16:18: …“Edificaré mi iglesia”. Lo segundo fue una enseñanza sobre la dinámica de esta y lo referente a los conflictos y la disciplina hacia los que se resisten a la reconciliación en Mateo 18:15-18, enseñó: “Díselo a la iglesia. ... si incluso a la iglesia no le hace caso”.
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Fuera de ello, Jesús no enseñó nada respecto al orden de esta, nombramientos, servicios o ministerios que se realizarían en ella o a través de ella. Parece que Jesús quería hacernos entender que detrás de estos asuntos hay algunos criterios que son aún mucho más esenciales, que tienen que ver con la madurez espiritual y el carácter de quienes la componen y dirigen. Es claro que él estaba más interesado en el fondo que en la forma de la iglesia.
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El sistema de Jesús, si pudiéramos llamarlo así, fue entrenar a doce hombres en particular para comenzar con y en ellos un desarrollo integral. Aunque su intención final sería comisionarlos para ser enviados hasta lo último de la tierra, les hizo entender que antes de ser enviados debían permanecer a su lado para ser enseñados, entrenados y madurar así, de seguidores escogidos a apóstoles convencidos.
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Supongamos que el servicio en el liderazgo es como un viaje con Jesús a través del Nuevo Testamento. Comienza en los evangelios, aprendiendo los fundamentos del servicio que él enseñó y modeló para desarrollar las actitudes correctas. De ahí continúa hacia los Hechos y las Epístolas, para ser comisionados y usados con los dones y ministerios del Espíritu Santo sirviendo a su iglesia. Algo así como un “vengan a mí” antes de “vayan por todo el mundo”.
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PRINCIPIOS BÁSICOS EN EL LLAMAMIENTO A LOS DOCE APÓSTOLES
1. Cristo es quien tomó la iniciativa para el llamado al servicio en el liderazgo
En el proceso de elección de sus doce discípulos, notamos que Jesús no siguió un patrón de características físicas particulares, ni siquiera asuntos relacionados con su carácter o personalidad madura; tampoco los escogió por alguna especie de selección de algún consejo. En Juan 6:70, notamos que fue él quien tomó la iniciativa y les hizo un llamado de manera personal. Lucas 6:12-16 menciona que, previo a la elección de estos doce, pasó la noche orando y consultando seguramente con su Padre para ser dirigido en esta elección. En Juan 17:24, Jesús reitera en su oración que los discípulos que él escogió le fueron dados por Dios. Al menos en lo que respecta al sistema de elección de Jesús en cuanto a los primeros líderes, no notamos un proceso democrático o de selección a través de votación.
Es claro que este procedimiento de elección, aunque en diferentes expresiones, siguió vigente en el Nuevo Testamento y en las prácticas de la iglesia primitiva. Comienza con un llamado interno, espiritual, un deseo en el espíritu de servir e involucrarse. Este primer requisito, o prerrequisito como bien podría llamarse, lo notamos en los requerimientos que el Apóstol Pablo expresó para alguien que deseaba ser obispo. En 1 Timoteo 3:1 menciona: “Si alguno desea ser obispo”.
Aunque Jesús nunca lo estableció como una serie de criterios para un proceso de servicio, sí podemos notar un claro patrón en su elección:
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Primero, hubo un llamado directo del Señor.
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Segundo, existió un proceso de aprendizaje y espera a su lado, para crecer en conocimiento, madurez y experiencia.
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Tercero, fue necesario un reconocimiento y confirmación por parte de otros líderes.
Podemos notar y seguir este mismo proceso en el ministerio del apóstol Pablo:
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Un llamado (Hch. 9).
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La espera de varios años (Gal. 1:18-2:1).
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Reconocimiento de otros líderes (Hch. 9:26-28 y 13:1-3).
2. La relación con Cristo fue prioridad antes del ejercicio del ministerio y liderazgo espiritual
Jesús sirvió a muchos grupos, atendió sus necesidades espirituales, físicas y sociales, y se mantuvo presente entre la gente en general. Sin embargo, es evidente que se enfocó de manera particular y personal en doce discípulos.
Marcos 3:13-15 ilustra de manera simplificada el proceso del llamado de los apóstoles:
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Cristo llamó a los que él quiso.
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Los estableció para que estuvieran con él.
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Los envió para predicar, con autoridad para sanar enfermedades y expulsar demonios.
En todo su proceso de discipulado, notamos la insistencia que Cristo hizo en que los discípulos tuvieran tiempo con él. Juan 6:30-35 señala que el ejercicio de su ministerio les implicaba mantenerse bastante ocupados. Por esa razón, les mostró la importancia de verlo a él como prioridad sobre el ministerio.
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3. Las capacidades y dones para ejercer el ministerio y liderazgo espiritual sucedieron en relación con Cristo
Jesús señaló en Juan 15:1-17 y en su contexto que el nacimiento, desarrollo y toda la vida cristiana solo es posible en conexión con él. El pasaje claramente señala que Cristo se presenta a sí mismo no únicamente como iniciador de un movimiento de fe, sino como la raíz, la razón y el sustento de esa fe. Sabemos que este mensaje fue dirigido particularmente a los apóstoles, y ahí les hace ver que los ha puesto para que ellos fructifiquen, ya sea que el fruto se refiera al proceso de desarrollo espiritual en su vida o a nuevos discípulos como resultado del ejercicio adecuado de su ministerio. En cualquiera de los dos casos, se hace patente el mensaje de que sin la conexión adecuada con el Señor, los resultados no serán posibles.
Según la narración de Juan 6:66-68, parece que este mensaje fue entendido con anterioridad por los apóstoles, pues Pedro expresa que no tienen a quién recurrir, porque solo él tiene palabras de vida eterna. Más tarde, en sus cartas, los apóstoles Pedro y Juan enseñan con claridad que toda la vida cristiana y todo ejercicio piadoso de liderazgo y ministerio deben estar basados en la indispensable relación con Cristo.
También el apóstol Pablo, en 1 Timoteo 1:12, expresa que fue el Señor quien le puso en el servicio a la iglesia. Lo aclara también en Efesios 4:7-11 al mencionar que es Cristo quien constituye a los que sirven.
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4. Los escogidos reflejaban el liderazgo de Cristo en sus vidas
En los evangelios notamos que existen al menos cinco áreas donde Jesús hizo particular énfasis, esperando verlas desarrolladas en la vida de los discípulos.
Actitud de servicio (Mt. 20:20-27; Lc. 22:24-27)
Jesús les señaló a los discípulos que las reglas o actitudes del Reino no serían las mismas que las del liderazgo en el mundo, donde los líderes se sirven de los demás. Él les hizo ver que el liderazgo en el Reino es sinónimo de servicio. En dos ocasiones distintas, cuando se refirió a aquellos que estaban a cargo de otros, los llamó mayordomos o administradores de la casa (Mt. 24:45; Lc. 12:42). El enfoque en ambos pasajes es que los encargados están para suplir las necesidades de los demás, no son dueños de la casa ni esperan ser servidos. En el acto de lavar los pies a los discípulos en Juan 13:1-20, Jesús les mostró de manera objetiva y visible la actitud de servicio que deseaba ver desarrollada en ellos. Esta es una actitud difícil de desarrollar, como leemos en Marcos 10:35-45, donde en el trayecto hacia Jerusalén los discípulos aún mostraban egoísmo y orgullo. Incluso en el aposento alto continuaban con sus anhelos pecaminosos. Más tarde, el apóstol Pablo muestra que el servicio sincero debe ser una característica del liderazgo espiritual, incluso se declaraba esclavo de la iglesia (2 Cor. 4:5). ...
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